Eunice Odio
Costa Rica, 1922-1974
SATCHMO LIROFORO
¿Te acuerdas, Louis Armstrong, del día en que viajamos por un corredor de sonidos que amábamos hasta la muerte? ¿Recuerdas la onomatopeya que no salió al paso y que nos dio un trono de un solo golpe? Parece mentira, Louis, amor mío, que hayamos compartido tantas cosas, tantas ramas y tan gran número de espumas. Parece imposible, Louis, que entre nosotros se deshagan las formas del azul que nos acompañaban; que tú, dardo, arma del ángel vivo, te lances a donde nadie podrá reconocerte sino por tu alegría, por tu voz de durazno, por tu manera de prolongarte en la luz y crecer en el aire. No creo que haya desaparecido del mundo la manada de resplandores que nos seguía. Más bien creo que se ocultan en el tiempo y que no será consumidos. Tú, continuación del fuego, pedestal de la nube, desinencia de mariposa, andas hoy al garete entre harinas y entre otras materias incorruptibles que te guardan como guardan a todos los justos, a todos los hermosos cuya hermosura viene de lejos y no se va nunca, y se incendia cada día igual que la altura. Satchmo, querido hasta la música, soñado hasta el arpegio, las arpas de David y sus graves de cobre te están tocando el alma y los clavicémbalos el cabello sin fin. Ricardo Wagner está de pie, aguardándote en una azotea tetralógica, lleno de flores que andan y crecen continuamente. Ricardo Wagner está en sí mismo viendo que llegas al dominio de los cristales, armado de la trompeta bastarda y de la baja tocando un son del viento, sonando como un trueno recién nacido, y húmedo y perfecto. Y yo, sombra sonora del futuro también estoy allí, soñada por dos cuerpos transparentes que se besan y funden y confunden en la gran azotea tetralógica donde todo es tan claro como Dios y el amor y los árboles.
Sábado 10 de Julio de 1971, al día siguiente de su muerte, México
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